Durante los últimos años hemos visto cómo las pajitas de plástico han desaparecido de muchos establecimientos. Su sustituto habitual ha sido la pajita de papel.
A primera vista, parece un cambio positivo. Pero hay una pregunta que pocas personas se hacen: ¿cómo consigue una pajita de papel resistir el contacto con un líquido sin deshacerse?
La respuesta merece la pena conocerla.
El problema del papel
Si enrollas una hoja de papel y bebes con ella, apenas durará unos segundos antes de empaparse. Sin embargo, las pajitas de papel que encontramos habitualmente resisten el tiempo suficiente para terminar una bebida.
¿Cómo es posible?
Porque esa resistencia al agua suele conseguirse mediante recubrimientos que pueden contener PFAS, también conocidos como «químicos eternos».
Un estudio publicado en Food Additives & Contaminants analizó distintas marcas de pajitas comercializadas y detectó PFAS en la gran mayoría de las pajitas de papel analizadas.
¿Qué son los PFAS?
Los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) son una familia de compuestos químicos utilizados desde hace décadas por su capacidad para repeler el agua y la grasa.
Por eso pueden encontrarse en distintos productos de uso cotidiano, como:
- Envases alimentarios.
- Textiles impermeables.
- Sartenes antiadherentes.
- Y también en algunas pajitas de papel.
¿Por qué preocupan?
Cada vez existe más evidencia científica que relaciona la exposición a determinados PFAS, considerados posibles disruptores endocrinos, con efectos sobre el sistema endocrino, la fertilidad, el sistema inmunitario y otros problemas de salud.
Además, se caracterizan por su gran persistencia tanto en el medio ambiente como en nuestro organismo, razón por la cual se conocen como forever chemicals o «químicos eternos». Precisamente por ello, las autoridades están restringiendo progresivamente su uso en un número cada vez mayor de aplicaciones.
Mi reflexión
Reducir el uso del plástico me parece una buena noticia. Pero eso no significa que cualquier sustituto sea automáticamente una mejor opción.
Antes de cambiar un material por otro, merece la pena preguntarnos qué contiene realmente y si ese cambio supone una mejora desde el punto de vista de la salud.
Personalmente, prefiero soluciones sencillas. Cuando necesito una pajita, utilizo una reutilizable de acero inoxidable: no libera sustancias a la bebida y puede utilizarse durante años.
Creo que uno de los errores más frecuentes es asumir que, porque algo se presenta como más ecológico o más moderno, también es necesariamente más saludable. Y no siempre es así.
Cambiar no siempre significa mejorar. Por eso intento mirar un paso más allá del mensaje de marketing y preguntarme siempre lo mismo: ¿es realmente una mejor opción?
Referencia científica
- Boisacq P, De Keuster M, Prinsen E, et al. Assessment of poly- and perfluoroalkyl substances (PFAS) in commercially available drinking straws using targeted and suspect screening approaches. Food Additives & Contaminants: Part A. 2023;40(9):1230–1241. DOI: 10.1080/19440049.2023.2240908.
Aviso importante
Este contenido tiene una finalidad informativa y se basa en la evidencia científica disponible hasta la fecha. No sustituye la consulta médica personalizada. Para recomendaciones adaptadas a cada caso concreto, consulte con un profesional sanitario de confianza.





