En los últimos años se ha hecho viral la idea de que las cremas solares son más perjudiciales que el propio sol. Quizá hayas leído o escuchado frases como:
- «Las cremas solares son tóxicas.»
- «Los dermatólogos nos han engañado.»
- «El sol no provoca cáncer de piel.»
- «Solo necesitas acostumbrar tu piel al sol.»
Como dermatóloga, creo que este debate merece una respuesta más matizada. La realidad no es blanca o negra: ni todas las cremas solares son iguales, ni el sol es completamente bueno o completamente malo.
En este artículo te explico qué dice la evidencia científica, en qué estoy de acuerdo con quienes critican algunos protectores solares y por qué, aun así, sigo recomendando proteger la piel del exceso de radiación solar.
Qué hay de cierto tras la duda sobre si son malas las cremas solares
La respuesta corta es no. Sin embargo, tampoco significa que todas sean perfectas.
Como ocurre con muchos productos, existen diferencias importantes entre unos protectores solares y otros. Algunos ingredientes generan más dudas que otros y merece la pena conocerlos para poder elegir mejor. Eso no significa que debamos dejar de protegernos del sol.
La controversia de los filtros solares como disruptores endocrinos
Determinados filtros solares químicos han mostrado actividad como disruptores endocrinos en estudios experimentales o presentan dudas sobre su seguridad. Eso no quiere decir que todas las cremas solares sean peligrosas ni que el riesgo para las personas esté demostrado en las condiciones normales de uso.
Sin embargo, considero razonable aplicar el principio de precaución cuando existen alternativas igualmente eficaces. Por eso, personalmente, siempre que puedo elijo protectores formulados con ingredientes cuya seguridad me ofrece mayor tranquilidad.
La importancia de la luz solar para la salud
En internet a veces parece que solo existen dos opciones: considerar el sol como un enemigo o verlo como una medicina. La realidad está en un punto intermedio.
El ser humano necesita la luz solar. La exposición al sol participa en la síntesis de vitamina D, ayuda a regular el ritmo circadiano, influye sobre el estado de ánimo y forma parte de un estilo de vida saludable.
Durante mi formación estudié Psiconeuroinmunología (PNI), una disciplina que concede mucha importancia al estilo de vida, el contacto con la naturaleza y la reducción de sustancias innecesarias. Por eso comparto la idea de vivir de una forma más natural y consciente.
El impacto real del exceso de radiación solar
El exceso de sol sí produce daños, y esto también es un hecho que probablemente sea la parte que menos aparece en las redes sociales.
Como dermatóloga veo cada semana personas que llevan décadas pagando las consecuencias del exceso de radiación ultravioleta. Pienso en esa paciente que disfrutó toda su vida del mar y del sol, y que hoy entra y sale del quirófano varias veces al año para tratar carcinomas cutáneos y eliminar nuevas queratosis actínicas. O en quienes llegan preocupados porque un familiar joven falleció de melanoma. O en tantas mujeres que ahora intentan corregir manchas profundas y un envejecimiento prematuro provocado por años de exposición solar intensa. Ese daño existe y muchas veces es irreversible.
La evidencia científica sobre el sol y el cáncer de piel
Existe una sólida evidencia científica de que la radiación ultravioleta aumenta el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer de piel, especialmente cuando se producen quemaduras solares repetidas o una exposición intensa durante años. Esto no significa que debamos vivir con miedo al sol, sino que debemos aprender a disfrutarlo con inteligencia.

Aplicar el sentido común en la exposición diaria
Lo que hago como dermatóloga es intentar aplicar el sentido común:
- Disfruto del sol a primera hora de la mañana y al final de la tarde.
- Siempre que puedo evito la exposición intensa entre las 12 y las 17 horas durante el verano.
- Cuando voy a pasar tiempo al aire libre utilizo varias medidas de protección: sombra, ropa, gorra, gafas de sol y protector solar cuando es necesario.
No intento eliminar completamente el sol de mi vida; intento evitar los excesos.
Elección personal de fotoprotectores
Para el rostro prefiero protectores solares minerales sin nanopartículas. Hoy existen fórmulas muy cosméticas que no contienen filtros químicos y no dejan el clásico efecto blanco que antes era habitual.
Para el cuerpo la situación es diferente. Los protectores minerales corporales sin nanopartículas que he probado suelen dejar una película blanca bastante evidente. Por eso, en esa zona utilizo protectores con filtros químicos cuidadosamente seleccionados, evitando aquellos ingredientes que actualmente generan mayor preocupación.
Si tienes dudas sobre cómo elegirlos, te recomiendo consultar mi guía sobre los ingredientes que actualmente evito en mi piel. Para más información sobre fotoprotección, también puedes leer este artículo completo sobre protectores solares con todo lo que necesitas saber para proteger tu piel.
Recomendaciones prácticas para cuidar la piel ante el sol
Estas son las recomendaciones que doy con más frecuencia a mis pacientes:
- Evita las quemaduras solares.
- Busca la sombra en las horas centrales del día.
- Utiliza ropa, sombrero y gafas cuando la exposición sea prolongada.
- Elige protectores solares bien formulados.
- No busques el bronceado.
- Revisa periódicamente tus lunares..
Una perspectiva equilibrada sobre la protección solar
La pregunta no debería ser si las cremas solares son malas, sino cómo podemos protegernos del sol de la forma más saludable posible.
No creo en los extremos ni en tener miedo al sol, pero tampoco en ignorar la enorme cantidad de evidencia científica que demuestra los efectos del exceso de radiación ultravioleta sobre la piel.
Mi recomendación es sencilla: disfruta del sol, obtén sus beneficios, pero protege tu piel cuando la exposición vaya a ser intensa. Cuidar la piel hoy también es cuidar la salud dentro de veinte o treinta años.





